Pacto Briand-Kellogg

El Pacto Briand-Kellogg, firmado el 27 de agosto de 1928 en París, es un acuerdo internacional destinado a renunciar a la guerra como medio de resolver conflictos entre Estados. Promovido por Francia y Estados Unidos. Fue firmado inicialmente por 15 naciones y luego por muchas más, incluida España.

Este pacto surge tras la Primera Guerra Mundial, en un periodo de búsqueda de estabilidad internacional y soluciones pacíficas frente a los conflictos.

Impacto en España

Aunque España no fue una de las naciones que participaron activamente en su redacción, ratificó el pacto el 2 de marzo de 1929. Esto se enmarca en el contexto de la política exterior de la dictadura de Primo de Rivera, que buscaba mejorar la imagen internacional de España y fortalecer sus alianzas diplomáticas. A pesar de su adhesión, el impacto del Pacto en la política española fue limitado debido a su escasa influencia real en la práctica internacional, ya que no contaba con mecanismos efectivos de ejecución ni de sanción para los Estados que lo violaran.

Alcance jurídico

El Pacto Briand-Kellogg fue un hito al intentar prohibir formalmente la guerra de agresión en el derecho internacional, aunque no reemplazó otras normativas como las establecidas por la Sociedad de Naciones. Desde el punto de vista legal, no eliminaba el uso de la fuerza en casos como la legítima defensa. Su relevancia jurídica ha sido analizada por varios expertos, destacándose como un precursor de los principios que se incorporaron posteriormente en la Carta de las Naciones Unidas de 1945.

Limitaciones y críticas

Aunque fue un paso importante en la evolución del derecho internacional, el pacto fue criticado por su falta de medidas coercitivas. Durante los años 30, diversas potencias que habían firmado el acuerdo, como Japón, Italia y Alemania, violaron sus principios, lo que evidenció su debilidad frente a las tensiones geopolíticas previas a la Segunda Guerra Mundial. En el caso español, el pacto tuvo un papel simbólico más que práctico, dado que España sufrió directamente los efectos de las agresiones internacionales durante la Guerra Civil (1936-1939), sin que las potencias firmantes del pacto tomaran acciones efectivas para detener dichas intervenciones.

Legado

A pesar de sus limitaciones, el Pacto Briand-Kellogg marcó un avance en el pensamiento jurídico internacional al consagrar la aspiración de prohibir la guerra como instrumento político. Sentó precedentes importantes que influyeron en el desarrollo del derecho internacional posterior, en particular en lo relacionado con la prohibición del uso de la fuerza y la promoción de la resolución pacífica de conflictos.

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